Ceuta y Melilla: 2012, fecha de caducidad

El Gobierno socialista se jacta de mantener las mejores relaciones con Marruecos desde la independencia, pero tanta amistad no sirve para empezar a resolver los acuciantes problemas pendientes entre vecinos

IGNACIO CEMBRERO 15/07/2008

Las relaciones con Marruecos son las mejores que han existido en la historia de España », se jactaba, a principios de mes, el diputado socialista Salvador de la Encina, encargado de poner orden en el convulso PSOE de Ceuta. La frase es un leitmotiv de los socialistas españoles. Y, sin embargo, la viabilidad económica de la ciudad donde nació este diputado está amenazada a corto plazo por la paulatina apertura comercial de Marruecos, que acabará dando al traste con el contrabando.

España debería proponer a Rabat sanear la relación de ambas ciudades con su entorno marroquí

Urge que Ceuta disponga de una aduana comercial con Marruecos para exportar legalmente

Este desafío es uno de los múltiples asuntos pendientes entre vecinos, pero no figuró en la agenda de la conversación con Mohamed VI, el viernes, en Oujda. El diálogo, cuando se entabla entre ambas capitales, tampoco da frutos en temas cruciales como la delimitación de zona económica en aguas entre Marruecos y Canarias. Mientras no se fijen los límites, el Gobierno seguirá sin autorizar a Repsol a efectuar prospecciones petroleras junto a las islas orientales. ¿De qué sirve mantener con el vecino la relación más amigable desde su independencia, en 1956, si -con la excepción de la inmigración clandestina- no se resuelven varios litigios primordiales?

Mucho antes de llegar al poder, en 2004, José Luis Rodríguez Zapatero hizo una apuesta sin precedentes por Marruecos. Por eso viajó a Rabat en 2001, en plena crisis hispano-marroquí; por eso, la diplomacia española alienta la iniciativa autonómica marroquí para resolver el conflicto del Sáhara y Marruecos es el principal beneficiario de la ayuda española al desarrollo. Abundan los ejemplos de las atenciones españolas con su vecino meridional.

Mohamed VI, el rey de Marruecos, correspondió a Zapatero, y no sólo ensalzando en sus telegramas de felicitación sus « elevadas cualidades políticas y humanas ». Llegó a desplegar a su Ejército en octubre de 2005 para proteger a Ceuta y Melilla, dos ciudades que reivindica, de los asaltos de los subsaharianos.

No en balde, cuatro años antes, el monarca había explicado a Zapatero en Rabat que no se preocupara por Ceuta y Melilla porque no eran sus prioridades. Mohamed VI no es menos nacionalista que su padre, Hassan II, pero sí más pragmático. Se ha volcado en el desarrollo del norte de su reino que su padre castigó por considerarlo rebelde. Con sus nuevos puertos, zonas francas, autovías y, en 2016, el primer tren de alta velocidad africano, el Marruecos septentrional es el que más ha cambiado. De ese rey tan bien predispuesto, la diplomacia española no sabe sacar partido.

Margarita López Almedariz, la presidenta de la Cámara de Comercio melillense, lo advierte con frecuencia: « Ceuta y Melilla tienen fecha de caducidad: 2012 ». Dentro de cuatro años, Rabat concluirá su desarme arancelario frente a la Unión Europea y el contrabando carecerá de sentido.

El contrabando, que en ambas ciudades llaman púdicamente « comercio atípico », es uno de sus motores económicos. Las exportaciones irregulares de Melilla a Marruecos alcanzaron en 2006 los 440 millones de euros, según la Delegación del Gobierno. No existen estimaciones tan recientes para Ceuta, pero su consejero de Economía, Luis Carreira, calculó en 2005 que ascendían a 500 millones. Los 140.000 ceutíes y melillenses venden en Marruecos mercancías por valor de la mitad de las exportaciones españolas a China. Si se suman esas ventas a las exportaciones legales, España es el primer socio comercial de Marruecos, por delante de Francia.

Melilla tiene una pequeña baza que jugar para sortear el reto del desarme arancelario marroquí. Posee una aduana comercial con Marruecos porque Rabat quiso mantenerla tras la independencia para exportar minerales del Rif a través del único puerto que existía entonces en la zona. Los intercambios legales a través de Beni Enzar, la aduana local, crecen cada año.

Ceuta está condenada. Carece de frontera comercial con Marruecos. Por eso, por ejemplo, los 72 todoterrenos que el Ministerio del Interior español donó a Marruecos en 2006 no pudieron ser entregados a través del puesto fronterizo del Tarajal. Todo lo que transita por allí es puro contrabando. La aplicación por Marruecos del arancel común « podría contribuir a la desaparición del comercio atípico », vaticinaba en enero el economista Joaquín Aranda en un informe encargado por las Cortes.

Los empresarios ceutíes lo pidieron por escrito al Ministerio de Exteriores. Juan Vivas, el presidente de Ceuta, abordó el asunto en dos ocasiones con Zapatero. La ciudad reclama al Gobierno que abra una negociación con Rabat para que pueda disponer de una aduana comercial. Sólo así será económicamente viable. El Ejecutivo ni siquiera ha sondeado a Rabat sobre su predisposición a dialogar sobre este tema.

Más allá de apoyar esta aspiración ceutí, el Gobierno debería aprovechar la ocasión para hacer un planteamiento global a Rabat sobre la inserción « positiva » de ambas ciudades en su entorno marroquí, tratando, de paso, de sacar el máximo partido de la nueva política de vecindad que pone en marcha la Unión Europea. Puede lograrse sin renunciar a la soberanía española y sin que Rabat desista de reivindicarlas.

Ahora, las ciudades autónomas están informalmente insertadas, pero su papel dista mucho de ser beneficioso. « La economía informal penaliza la aparición de una economía saneada », se quejaba Driss Benhima cuando dirigía la institución marroquí encargada del desarrollo del norte. El contrabando genera, por ejemplo, 45.000 puestos de trabajo directos y otros 400.000 indirectos en Marruecos, según la Cámara de Comercio Americana de Casablanca, pero son « empleos basura » de los miles de porteadores que cruzan a diario la frontera. « Cada empleo en el contrabando causa la pérdida o la no creación de 10 empleos legales », sostiene la cámara. La banca melillense atrae, por poner otro ejemplo, las ganancias del tráfico de droga.

Insertarlas positivamente es tratar de que desempeñen un papel similar al que el Hong Kong británico jugó en su día con su hinterland chino. Es adecentar y agilizar unas inmundas fronteras terrestres por las que entran a empujones 34 millones de personas -90% marroquíes- al año. Es potenciar también esa actividad de servicios que ya proporcionan las urgencias y maternidades de sus hospitales cuando atienden cada año a miles de marroquíes. Es ofrecer, además, becas para que jóvenes marroquíes estudien en sus centros de enseñanza como ya hacen unos pocos en la Escuela de Negocios Hispanomarroquí de Melilla.

Ceuta carece de aeropuerto, y el de Melilla es tan pequeño, que no puede acoger aviones medianos. Para aterrizar en él es necesario penetrar en el espacio aéreo marroquí. ¿Por qué no proponer a Rabat la construcción de un aeropuerto conjunto entre Ceuta y Tetuán, entre Melilla y Nador? Basta con inspirarse de los modelos aeroportuarios de Gibraltar o del francosuizo de Basilea-Mulhouse. Hasta 1969, Melilla y Nador compartieron aeropuerto, el de Tauima, gestionado de manera similar al gibraltareño. Hay tantas cosas por hacer.

España y Marruecos colaboran, a veces, de manera sorprendente, dejando de lado sus suspicacias nacionalistas, pero lo hacen a escondidas. Los helicópteros de la Guardia Civil de Melilla penetran, por ejemplo, cada noche en el espacio aéreo marroquí en busca de concentraciones de subsaharianos con el conocimiento de Rabat. Los Mirage F-1 marroquíes violan, a veces, el espacio aéreo canario, sin que el Estado Mayor del Aire se inmute.

Nunca un jefe de un Gobierno democrático español ha reafirmado con tantos gestos la soberanía de España sobre ambas ciudades. Fue el primero en atreverse a visitarlas como presidente en 2006 -26 años después de que lo hiciera Adolfo Suárez-. Organizó en otoño el primer viaje de los Reyes provocando dos meses de tirantez con Rabat; anunció incluso, en 2004, en un discurso en el Senado, su intención de mencionarlas en la Constitución, pero la reforma que barajaba no prosperó. En el congreso del PSOE, Zapatero se comprometió, por último, a desplazarse de nuevo a esas ciudades durante esta legislatura.

A ceutíes y melillenses acaso les resulte más útil que el Gobierno vaya más allá de los meros gestos simbólicos y de las declaraciones rimbombantes sobre la amistad bilateral. Es hora de que el socio más próspero diseñe una relación con su vecino en la que ambas ciudades contribuyan al desarrollo de su entorno y se inserten sanamente en él. La aduana comercial para Ceuta es una urgente prioridad. Mohamed VI ha antepuesto el desarrollo a la revindicación territorial. Es probable que esté dispuesto a escuchar nuevas propuestas españolas.

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